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Viven al límite cada día y cualquier descuido puede ser fatal, pero están hechos de otra pasta y acostumbrados a lidiar jornada tras jornada con vivencias que a cualquier mortal nos marcarían de por vida. Aunque el 11-S cambió la forma en que el mundo ve a los bomberos, lo cierto es que bajo su uniforme protector no hay sino seres humanos, personas de carne y hueso con problemas, miedos, preocupaciones... Eso sí, cuando se enfundan el chaquetón, las botas y el casco nada les aparta de su misión: ayudar al prójimo. La profesionalidad, la preparación, el entrenamiento diario y la experiencia completan una coraza casi indestructible que encierra toda la emoción en beneficio de la efectividad. El pasado 16 de diciembre, en vísperas de estas navidades que ellos pasarán al pie del cañón, Diario LA RIOJA compartió varias horas con los bomberos de la capital riojana, una jornada en la que brotaron anécdotas, alegrías y algunas páginas negras, las menos, de un cuerpo que acompaña y protege a miles de riojanos desde 1912. «Somos de los pocos que van a todo correr a su trabajo», bromea el jefe del parque, Luis Ángel Medel. Su ámbito de actuación no se limita a la capital riojana. Se extiende hasta Piqueras, a los valles del Iregua, el Leza y el Jubera e, incluso, sobrepasa nuestras fronteras hasta internarse unos cuantos kilómetros en Álava. Una protección eficaz y total de parte de la geografía riojano-vasco-navarra gracias a la coordinación con los compañeros forales y, sobre todo, con los bomberos del Ceis-Rioja, dependiente del Gobierno regional, y con parques en Haro, Nájera, Arnedo y Calahorra. Con todo protocolizado, cinco grupos de 12 personas cubren las 24 horas de los 365 días del año en el parque logroñés. Los turnos, de siete horas, excepto el de la noche, que es de 10 de lunes a viernes, se convierten en guardias de 24 horas los sábados y domingos. «La media es de cuatro intervenciones diarias, aunque hay días que no hay ninguna y otros en los que tenemos veinte y hay que llamar a los de guardia y más porque no damos abasto», explica Medel. El año pasado concluyó con 1.436 intervenciones, pero éste va a ser de los más atareados de la década, con registros no vistos desde el 2001. De hecho, Diario LA RIOJA pudo asistir, a las diez de la mañana de ese 16 de diciembre, a la intervención número 1.500, una salida a las 10 horas a Duques de Nájera. Entre las causas del incremento, los vientos de enero, actuaciones por lluvias torrenciales en primavera y la multiplicación de fuegos en vegetación, que han pasado de 104 en el 2008 a 218 este año. En 4 minutos y medio Gran parte del éxito reside en la inmediatez de la respuesta y en el 2008 se rebajó a 4 minutos y 35 segundos, con la llegada a siniestros en seis minutos o menos en el 92,35% de los casos; en menos de 7 minutos, en el 97%; y en ocho minutos o menos, en el 99% de las ocasiones. «Nosotros, hasta cierto punto, nos comprometemos a estar en cualquier punto de la ciudad en 10 minutos o menos, porque la estadística nos dice que lo podemos conseguir; no obstante, hay ocasiones en que nos dan la dirección mal, hay obras o coches mal aparcados que nos pueden retrasar», dice el responsable del parque. En su catálogo de ofertas hay misiones para todos los gustos y no son los incendios sus misiones más numerosas. Por ejemplo, el año pasado atendieron 63 accidentes con 34 víctimas. Menos dramática suele ser la relación de los bomberos con los animales. «Nos avisan para retirar abejas y avispas. A las primeras las metemos en cajas, que no es difícil si está la reina dentro de la caja. En el caso de las avispas, insecticida y listo, con esas no tenemos contemplaciones», explica Medel. «También nos llaman para rescatar gatos, pero en cuanto llegas y pones la escalera, saltan», resume divertido. En otra ocasión sacaron por la ventana a un hombre de más de 300 kilos y hasta se han cambiado los papeles con los bomberos vascos, que acabaron apagando un incendio en la Bene mientras los de Logroño se enfrentaban a las llamas en la empresa alavesa Kupsa. Anécdotas hay para todos los gustos, muchas con un final feliz. «El otro día nos llamó la Policía Local porque había un señor mayor en una vivienda que no contestaba. Entramos por una ventana preparados para ver un cadáver y nos encontramos con el anciano durmiendo tranquilamente en su cama», recuerda Luis Ángel Medel. Pero son las menos. Cuando la megafonía de alertas se activa, hay que prepararse para lo peor. Demasiadas veces el desenlace es terrible. Hay veces que hay que buscar cadáveres bajo las aguas del Ebro, el último no hace muchos meses con una mochila llena de piedras a su espalda. «En el caso de los suicidas nos avisan, pero muchas veces vamos sólo para limpiar la calzada», zanja el jefe de los bomberos. Muchas de las páginas más dramáticas tienen que ver con accidentes de tráfico y la excarcelación de víctimas. «Sacar un cadáver de un vehículo es lo más penoso; enseguida empiezan a llegar familiares que lloran y te presionan para que acabes pronto. Es lo más triste, aunque al final acabas acostumbrándote a todo. Hay que estar, al pie del cañón, ponerte la coraza y tirar para adelante», explica José Antonio Calvo. Junto a sus compañeros Enrique, Iñaki, Miguel, Eduardo o Richi, entre otros, estaba de turno durante la estancia de Diario LA RIOJA en el parque, unas instalaciones donde a las oficinas y la emisora, se suman el comedor, la cocina, los dormitorios, el gimnasio, la pista de squash, una torre-rocódromo de cinco pisos para maniobras y un estanque de cinco metros y medio de profundidad para las prácticas de buceo. Pero su centro neurálgico lo forman el almacén -donde se guardan equipos capaces de soportar temperaturas de hasta 400 grados (en un incendio se pueden alcanzar más de mil grados)- y el hangar -con 17 vehículos diseñados para cada misión-. Allí esperan su salida una autobomba urbana pesada para fuegos en pueblos o incendios en industrias, con un depósito de 3.000 litros de agua; otro similar, pero más manejable, para incendios en viviendas de la capital; un camión con una escalera desplegable hasta 37 metros de altura, un decimoprimer piso; otro con 8.000 litros de agua para llamas en industrias; el vehículo taller para la excarcelación de víctimas, en el que viaja una de sus herramientas más espectaculares, una cizalla hidráulica que con una presión de 700 kilos por centímetro cuadrado corta la chapa como si fuese mantequilla; la zodiac para los rescates subacuáticos... Un gesto salvador «Toda agua es poca en un incendio», advierte Medel, quien explica que una manguera puede tirar hasta 500 litros por minuto, pero hay monitores que pueden lanzar hasta 3.000 litros en 60 segundos. Pero si la experiencia y el entrenamiento diario son ejes fundamentales de la efectividad de los bomberos, la actuación de los afectados puede ser la línea fronteriza entre el susto y la tragedia. El mejor ejemplo, según recuerda Luis Ángel Medel, se produjo hace unas semanas en Logroño «Tuvimos dos incendios iguales, uno en General Urrutia, donde comenzó a arder un salón e intentaron apagarlo, pero al no poder evacuaron dejando la puerta abierta. Al final, ocho o diez intoxicados por humo y graves daños. Un día antes, en Vara de Rey hubo un fuego en el piso de un inválido y la señora lo sacó, cerró la puerta de la calle, dejó las llaves puestas y bajó a la calle a esperar a los bomberos, que pudieron entrar de inmediato». La lección debe servirnos a todos. «Sólo un gesto puede evitar un desastre, un incendio es como las personas, cuando es pequeñito, lo controlas o dominas como a un niño, pero cuando crece y se hace grande...», alerta el jefe Medel. FUENTE: larioja.com |
Incendios, inundaciones, rescates, retirada de animales peligrosos... el Parque de Bomberos protege a los logroñeses sin descanso desde 1912